Portafolio / 10 fotos
Exodus
Migración climática, osos polares y migrantes
El objetivo de esta serie, presentada en forma de storyboard para una película que muestra un futuro (¿inevitable?), es destacar nuestra incapacidad para reconocer nuestro impacto en el calentamiento global, que afecta a los osos polares tan profundamente como a los migrantes.
Subraya lo absurdo de nuestra inacción ante esta crisis, revelando cómo nuestra negligencia contribuye al sufrimiento de las poblaciones humanas y de la vida silvestre.
En sus propias palabras
Exodus (Éxodo) es la serie más narrativa, la que cuenta una huida. Es una metáfora del desarraigo climático, humano y animal. Aquí, los osos polares se convierten en los migrantes de un mundo que se derrite, condenados a abandonar sus tierras, sus referencias, su hielo. Los imaginé con chalecos salvavidas, embarcando en balsas improvisadas, enfrentándose a un mar inmenso e indiferente. Estas imágenes resuenan con los dramas humanos que vemos cada día: esas familias que huyen de la sequía, del hambre, de la subida de las aguas.
La idea de Exodus nació del dolor y de la ira. Dolor ante la desaparición anunciada de algunas especies, e ira ante nuestra indiferencia colectiva. El calentamiento global ya no es una amenaza abstracta: ya mata. Condena a poblaciones enteras al exilio, trastoca los ecosistemas, borra paisajes que parecían eternos.
Al yuxtaponer los osos polares y los migrantes humanos, quise recordar que todos formamos parte del mismo éxodo. Abandonamos juntos el planeta tal como lo conocíamos, empujados por la misma urgencia, por las mismas aguas. La suerte de unos ilumina la de otros: un oso polar a la deriva en un mar vacío no es tan distinto de un niño en una lancha sobrecargada.
La serie termina con una imagen deliberadamente insoportable: la de un osezno varado en una playa, vestido con una pequeña camiseta roja. Es un homenaje indirecto a la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio encontrado sin vida en una playa turca en 2015. Dudé mucho antes de crear esta imagen. Pero al final decidí que había que atreverse. Porque lo dice todo, sin palabras, sin discursos. Reúne en un mismo grito la angustia humana y la animal. Habla de inocencia perdida, de vidas rotas por un sistema que destruye sin ver.
Con Exodus quería que el espectador sintiera una sacudida, un vértigo. Que comprendiera que esta huida no es solo la de los demás: es la nuestra. Todos estamos a bordo de la misma balsa, en el mismo mar. Y el silencio que rodea esta migración de lo vivo es quizá lo más aterrador de nuestra época.
Libres de derechos de autor: quien utilice estas fotos se compromete a donar los ingresos a la organización benéfica que elija.
Solicitar un archivo en alta resolución